Mia Brookes en los Juegos de Invierno: El arte de volar.

Adrenalina y elegancia en la pista

Mientras los Juegos de Invierno de 2026 en Milán y Cortina d'Ampezzo están en pleno apogeo, estoy pegada a la pantalla con los nervios a flor de piel. No por el patinaje de Jutta Leerdam —aunque esa medalla de oro es, por supuesto, maravillosa— sino por la final de snowboard de Mia Brookes, de tan solo 19 años. Si me preguntas qué hace una snowboarder en un blog de danza, es probable que nunca hayas visto volar a Mia. Lo que ella muestra en la final de Big Air es pura coreografía, pero a treinta metros de altura.

En mis treinta años en el mundo de la danza, he visto miles de piruetas y saltos, pero el control corporal de esta joven británica es de otro nivel. Mia Brookes se encuentra actualmente en tercera posición tras su segunda manga, después de aterrizar un Backside 1260 impecable. Eso significa tres rotaciones y media sobre su eje mientras surca el aire. Para un bailarín, eso puede sonar como un 'tour en l'air' extremo, pero con el desafío adicional de una tabla bajo los pies y la gravedad tirando de ti.

La técnica detrás del salto

Según los últimos informes de la BBC, en los campamentos británicos ya se especula sobre un '14' o incluso un '16'. Estamos hablando del número de grados de rotación: 1440 o 1600 grados. Eso es girar cuatro o casi cuatro veces sobre el propio eje. En Miss Salsa, siempre insistimos en el 'spot' —el punto al que miras durante un giro para no marearte. Mia no tiene un punto fijo en el aire; debe confiar en su propiocepción, la capacidad de sentir dónde se encuentra su cuerpo en el espacio.

Es precisamente esa 'conciencia espacial' la que también vemos en los mejores bailarines. Ya sea que realices una combinación de salsa compleja o un doble salto mortal en una tabla de snowboard, la base es la misma: un núcleo de hierro y la capacidad de controlar el impulso. Mia Brookes no es solo una atleta; es una artista que desafía las leyes de la física con una naturalidad que envidiaría cualquier bailarín profesional.

El vínculo con la danza sobre hielo

Es interesante ver que, al mismo tiempo que Mia persigue su medalla, los patinadores artísticos británicos Lilah Fear y Lewis Gibson inician su campaña. Según TNT Sports, esperan ganar la primera medalla británica en patinaje artístico desde Torvill & Dean. Aunque el patinaje artístico está, por supuesto, mucho más cerca de las formas de danza tradicionales, veo un 'flow' similar en Mia Brookes.

Basta con mirar la forma en que aterriza. No es solo poner una tabla sobre la nieve; es absorber energía, igual que un bailarín aterriza un salto en un plié profundo para proteger las articulaciones. Si Mia no aterriza perfectamente, su manga termina. En el mundo de la danza, lo llamamos 'clavar el aterrizaje'. La diferencia es que para ella lo que está en juego es una medalla olímpica, y un pequeño error puede resultar en un duro golpe contra el hielo.

Lo que nosotros, como bailarines, podemos aprender de Mia

A menudo escucho de mis alumnos que tienen miedo de caerse o de cometer errores durante un giro rápido. Mia Brookes demuestra que el miedo es un consejero, pero no un bloqueo. Actualmente ocupa el décimo lugar de doce en el orden de salida para la última manga, lo que significa que la presión es gigantesca. Sin embargo, se la ve riendo y disfrutando con su 'club de fans', incluidos sus padres que ondean las Union Jacks.

Concretamente, hay tres cosas que podemos extraer de su actuación para nuestra propia práctica de baile:

  • Compromiso: En cuanto Mia baja por la rampa, no hay vuelta atrás. Se entrega al 100% en su truco. En las clases de baile, a menudo veo que la gente se 'detiene' a mitad de un giro por inseguridad, lo que precisamente les hace perder el equilibrio.
  • Visualización: A menudo se ve a los snowboarders en la cima de la montaña repasando sus movimientos con los ojos cerrados. Ellos 'bailan' la manga en su cabeza. Esta es una técnica probada que nosotros, como bailarines, deberíamos utilizar con mucha más frecuencia para coreografías complejas.
  • Resiliencia: La competencia es feroz. Anna Gasser, la campeona defensora, cometió errores. Mia mantiene la calma bajo esa presión. Esa resistencia mental es la mitad del trabajo.

El ambiente en Milán y Cortina

El ambiente en la final de Big Air es eléctrico. Hay una enorme presencia francesa muy ruidosa, pero el Club de Fans de Mia Brookes lo eclipsa casi todo. Me recuerda a la energía de una gran competición de baile o un congreso. Esa pasión colectiva por el movimiento es lo que nos une, ya sea en una pista de parqué o en una ladera nevada en Italia.

Mientras escribo esto, Mia se prepara para su último salto. Tiene el 1260 asegurado, pero para arrebatarle el oro a la japonesa Momo Suzuki o a las estrellas austriacas, tendrá que intentar ese 1440. Es todo o nada. Y esa es precisamente la pasión que tanto admiro en el deporte y en la danza. El valor de entregarse por completo, sabiendo que el mundo entero está mirando.

Ya sea que regrese a casa con oro, plata o bronce, Mia Brookes ya ha demostrado ser una de las figuras más fascinantes del movimiento de esta generación. Para los bailarines entre nosotros: echad un vistazo a las repeticiones esta noche. No os fijéis solo en los saltos, sino en su postura, su enfoque y ese increíble 'tiempo en el aire'. Todos podemos aprender algo de eso.

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